Los Ovnis fotografiados por unos niños argentinos en 1978

Los Ovnis fotografiados por unos niños argentinos en 1978 19-11-2016

En los meses de mayo, septiembre, octubre y diciembre de 1978, cuatro muchachos argentinos conseguían un total de 10 fotografías de objetos voladores no identificados. Todo un récord.

Primer caso: el 21 de julio de 1978, el joven José Gabriel De Virgilio de 13 años de edad, presenció la súbita aparición de tres objetos desconocidos desde la ventana de su dormitorio.El primer caso conocido tuvo lugar en la ciudad de San Carlos de Bariloche, una población ubicada a 1.630 kilómetros al sur de Buenos Aires.

A mediados del mes de mayo, el niño José Gabriel De Virgilio, de 13 años, se hallaba en su casa, en las afueras de Bariloche. El muchacho vive con sus padres y un hermano. En aquellos momentos se había quedado solo en la vivienda.

Fue precisamente desde la ventana de su dormitorio donde presenció la súbita aparición de tres objetos desconocidos. La observación se prolongaría por espacio de unos 30 minutos.

Pichel le sometió a la siguiente entrevista:

 

-¿Qué sentiste al verlos?

-Cuando los vi, a los tres, sentí una gran sorpresa. Pero, al mismo tiempo desconfiaba de lo que estaban viendo mis ojos. Después de algunos momentos, creo que en total debieron ser algo más de veinte minutos de observación, decidí buscar mi cámara para tener una comprobación del hecho.

-Si eran tres, ¿por qué sacaste a uno solo?

-A eso voy. Cuando volví a la ventana observé que dos de los artefactos se estaban alejando. No puedo precisar a qué velocidad, y el tercero seguía allí. Lo hizo por algunos instantes, evolucionando en el cielo. Así es que pude fotografiarlo. Entonces esperé a que regresara mamá, que había ido a hacer unas compras, pero no me creyó. Tampoco papá me hizo caso cuando volvió de su trabajo. Y la prueba está en que no se molestaron ni en mandar el rollo a revelar… Yo no lo podía hacer por falta de dinero.

-Gabriel es muy bromista -terció la madre- y pensamos que se trataba de una broma. Después, al insistir, imaginamos que podía haber sido afectado por una alucinación. Y, por último, todos olvidamos el asunto, excepto él, que persistía en contárselo a todo el mundo. Lo dijo, incluso, en su colegio y surgieron las lógicas bromas.

¿Y ahora?

-Nadie puede decir ya que estoy loco o que miento, aunque no quiero acusar a nadie…

-¿Creías en los ovnis?

-Nunca me llamaron mucho la atención. Tanto es así que no leía sobre el tema. Ahora sé que existen. Fue algo fascinante. Como de otro mundo. Como si yo no hubiera estado acá… Por eso, apenas se estrenó la película Encuentros en la tercera fase me fui a verla. Yo no vi nunca a un ser extraterrestre, pero sí las máquinas que conducen. Tampoco sé a qué vienen. Hay quienes dicen que a hacer el bien, porque este mundo está lleno de maldad y ellos quieren ayudarnos. No sé, pero espero que sea cierto…

-¿Qué impresión te produjeron?

-Eran objetos con forma de sombrero y de un color plateado. Lástima que mi cámara, que no es de profesional, no pudiera registrarlo con mayor nitidez.

-¿Tienes alguna idea sobre la altura a la que evolucionaban?

-No, pero me pareció que no estaban muy altos. Eso sí, giraban continuamente como las agujas de un reloj, pero mucho más rápido.

-¿Hacia dónde se alejaron?

-Los dos primeros se fueron en dirección a cerro Otto. Y por allí desaparecieron. El que yo fotografié se elevó en vertical, perdiéndose entre las nubes.

-¿Qué piensas hacer ahora?

-Quiero seguir mis estudios. Después haré alguna carrera que me permita profundizar en el estudio de los platos voladores.

Los análisis

El matutino Río Negro, de la ciudad de General Roca, fue el primero en informar del caso. Su corresponsal en Bariloche consiguió el negativo de la fotografía en cuestión y la imagen y la historia se publicaron por primera vez el 19 de julio de 1978. El periódico decía lo siguiente:

«…Se ve sobre fondo claro un objeto oscuro que asemeja la forma de un sombrero caído levemente hacia adelante.»

Y puntualizaba también que el negativo fue concienzudamente analizado por los profesionales del diario, así como por el jefe de fotografía de la agencia informativa Noticias Argentinas. Todos ellos coincidieron en señalar que no podía tratarse ni de un truco ni de un fenómeno óptico. La realidad -proseguía el periódico- es que se trata de un objeto volador no identificado.

Por otra parte, hizo ver que la impresión cuenta «con detalles que favorecerían la realización de un pormenorizado estudio, al contener puntos de referencia que bien pueden llevar a establecer dimensiones del ovni, tales como su altitud, no superior a los 600 metros (dada la capa de nubes que se observa en la foto), en relación con el marco de la ventana y un árbol maiten de tres metros de altura, aproximadamente, además de los postes que ocupan los primeros planos».

La película, que fue revelada en un prestigioso laboratorio de Bariloche, fue estudiada también por el propietario, Carlos Hassier, quien, de inmediato, la entregó al padre de Gabriel. Al verla, este último recordó las manifestaciones de su hijo, dos meses atrás (el film fue revelado dos meses después de ocurrido el acontecimiento).

La opinión de Hassier coincidió con la de los especialistas del diario Río Negro, en el sentido de que eran auténticas.

Segundo caso: sucedió a las 13 horas del 20 de septiembre. El protagonista fue el niño Walter Antonio Suárez de 10 años de edad. Se hallaba en su domicilio cuando escuchó un ruido extraño y al asomarse a la ventana divisó el ovni, y lo fotografió.

El día no estaba muy luminoso, debido a la presencia de un gran número de nubes altas. La temperatura oscilaba alrededor de los 23 grados. Soplaba viento del este a razón de seis kilómetros por hora. La visibilidad era de 10 kilómetros. Todos estos datos fueron facilitados por el Servicio Meteorológico Nacional.

Walter, un niño introvertido y extremadamente curioso, contó así lo sucedido. Junto al muchacho y al entrevistador -Marcelo Eduardo Pichel- se hallaba también el profesor Máximo Astorga, que ha estudiado durante 10 años los fenómenos espaciales, por cuenta de la Fuerza Aérea Argentina.

Entrevista realizada por Marcelo Eduardo Pichel

-Acababa de llegar del colegio y, antes de almorzar, me fui a mi cuarto a dejar las carpetas. Y en eso estaba cuando sentí un zumbido muy raro. Pensé que una abeja había entrado en la habitación. Miré por la ventana y advertí un plato volador que estaba parado en el cielo.

-¿Qué forma tenía?

-Era como un sombrero. Daba vueltas sobre sí mísmo aunque siempre permanecía inmóvil.

-¿Y qué hiciste?-Tomé la cámara, la que me habían regalado mis padres cuando aprobé el año anterior con buenas notas, y saqué la foto. Tardé un poco a causa de las rejas que protegen mi ventana, pero lo logré. Inmediatamente corrí hacia la puerta que da al balcón, con el fin de observarlo mejor, pero, al salir, el aparato había comenzado a volar y se perdía entre las nubes.

-¿Cómo era?-Era todo negro y brillante. Y emitía un zumbido muy raro, parecido al que se puede escuchar en las cercanías de un panal de abejas. No vi ninguna luz y sí noté una luminosidad a su alrededor. Los datos fueron confirmados por la madre del niño quien escuchó también el zumbido. En aquellos momentos la señora Suárez se hallaba en la cocina, preparando el almuerzo de la familia.-No le presté mucha atención -manifestó- pero miré hacia la ventana. Pude ver una mancha negra que se perdía en las nubes. Me pareció que dejaba una estela negruzca.

-¿Pensó en algo?-Supuse que se trataría de un avión, aunque me pareció extraño.

-¿Qué pasó después?

-Walter entró muy agitado. Y mostrando su máquina fotográfica me dijo: «Te tengo una sorpresa con las fotos, mamá.» Pero no imaginé de qué se trataba. Como estaba muy atareada le pedí que fuera a buscarme algunas cosas…

En tanto, Walter acercó un cuaderno en el que había hecho un dibujo del ovni.

La descripción del niño fue corroborada por su padre, el juez Antonio Suárez.

El ovni dibujado por el niño tenía la forma de una bomba como las que se utilizan para desatascar tuberías y con una especie de aro a todo su alrededor. En la zona inferior del dibujo incluyó unas escotillas por las que salían haces de luz. Este último punto difiere de lo registrado en la fotografía.

Tercer caso: El 26 de octubre de 1978, y en plena ciudad de Buenos Aires, un ovni fue fotografiado por el joven Norberto Marino Lorenzutti de 14 años de edad.

Investigación realizada por el profesor Fabio Zerpa

El joven Norberto Marino Lorenzutti tenía entonces catorce años. A principios del año 1978 había realizado un viaje con sus padres a Estados Unidos y, como siempre le había gustado «sacar fotos», le pidió a su padre -Norberto Augusto- que le comprara una buena máquina, «pero fácil de usar».

Así, el señor Lorenzutti le compró una Vivitar, modelo 702 (24 mm) 1.58 LEN, con flash electrónico incorporado. La adquisición tuvo lugar en Miami.

La cámara trabaja con película Pocket de 400 ASA y 27 DIN, «ideal para fotografiar ovnis». Pero este hecho nunca pasó por la mente del joven, aunque reconoció que otros ya lo habían conseguido «porque los ovnis existen y son extraterrestres» .

Total, que el 26 de octubre, Norberto se encontraba en el balcón del escritorio de su padre, frente por frente a la avenida Santa Fe 2800, en pleno barrio Norte de Buenos Aires, donde se alzan numerosas torres y edificios de apartamentos.

No tenía ganas de estudiar y no sabía qué hacer. Entonces decidió sacar fotos a su hámster, que guardaba en una jaula y en aquel balcón. Tomó su Vivitar e hizo tres primeras fotografías de la pequeña ardilla del desierto. A continuación se dirigió al dormitorio de sus padre -«no sabe por qué»- y fue allí donde vio el ovni por primera vez.Y el muchacho sacó una primera foto del objeto. Al hacer el segundo disparo accionó sin querer el flash y el fogonazo se reflejó en el cristal de la ventana.En la tercera imagen, el ovni se aleja hacia el oeste de la ciudad.

Eran las 16.30 horas de una tarde nubosa, aunque bastante clara.

El muchacho volvió al estudio de su padre y observó al hámster, que seguía en el interior de la jaula. Después de acariciarlo dejó su cámara sobre el escritorio y colocó unos discos. Hacia las 18.45 regresó al balcón para observar nuevamente a su hámster y ¡allí estaba «él»!

Giró sobre sus talones y tomó la cámara fotográfica. Se situó junto a la ventana del balcón y abrió una de las hojas. «Él» se balanceaba permanentemente sobre las casas de Buenos Aires… Podría haber tenido miles de testigos pero, desgraciadamente, nadie miraba hacia el cielo.

Lorenzutti hizo cuatro fotos y el ovni se alejó a gran velocidad, en dirección hacia la costanera.El muchacho había logrado una de las mejores secuencias de un ovni sobre Buenos Aires. En total, siete fotografías en color.

Norberto Marino se lo comentó a su madre, Lía Vodanovich, pero ésta no le creyó. «Revela el rollo y verás», le comentó el hijo. En días posteriores, el muchacho llevó personalmente el rollo a revelar. Y sacó copias de 9 x 13. Una para cada negativo. Allí estaba el ovni…

Cuarto caso: La fotografía conseguida por el niño de 13 años, Roberto Pascual Di Stéfano, a las 15 horas del miércoles 27 de diciembre de 1978 ha sido considerada por los expertos como una de las mejores que han sido tomadas en Argentina.

El hecho ocurrió en los cielos de la ciudad argentina de Renalagh, a unos 60 kilómetros al sur de Buenos Aires.Informe del investigador Marcelo Eduardo Pichel

Ese día, el muchacho se encontraba en su domicilio. Había estado mirando la televisión y hacia las 14.30 horas apagó el receptor. Salió al jardín y se dispuso a jugar con su perro. En la parte posterior de la casa existe un terreno arbolado de unos 25 x 15 metros. Allí jugó con su perro: le lanzaba un palo y éste lo recogía, devolviéndoselo a su pequeño amo. Y así permanecieron largo rato.

Hasta que en una de las ocasiones en las que Roberto Pascual se disponía a lanzar el palo, le pareció ver «algo» extraño de reojo.“Cuando miré distinguí claramente un ovni. Parecía flotar en el aire. Quizá estuviera a unos 300 o 400 metros de distancia. Pero lo veía muy bien entre las ramas de los árboles. Al principio me asusté un poco. Había aparecido de golpe y porrazo. Tampoco escuché ruido… Pensé de inmediato en la cámara fotográfica y también en otras muchas cosas. Todo a un mismo tiempo. Quería irme, pero también deseaba quedarme, para no perderme el “espectáculo”. “Terminé por correr en busca de la cámara. Yo había visto ovnis en otras dos ocasiones y también hice fotos, pero me salieron muy mal. En las copias sólo aparecieron unos puntitos muy pequeños”.

El caso es que al regresar al jardín, el platillo seguía inmóvil en el mismo sitio. Parecía como si estuviera colgado de un cable. Sin perder el tiempo busqué una abertura entre las ramas de los árboles y saqué la foto. Después, a los pocos segundos, comenzó a moverse de arriba abajo y hacia los costados y terminó por alejarse a una velocidad tremenda al tiempo que tomaba altura.No sé qué pensar -subrayó el muchacho- pero fue como si el ovni hubiera esperado a que yo le hiciera la fotografía…

Én total debió permanecer suspendido en el espacio unos diez minutos.

– ¿Sabes si algún vecino de la zona lo vio también?

– No lo sé porque no quise contar ni preguntar nada. Las dos veces anteriores que vi ovnis hace de esto unos cuatro o seis meses, al contado en casa, mis padres me dijeron poco menos que estaba loco. Ahora fue diferente. Ahora no han tenido más remedio que creerme.

– ¿De qué color era el ovni?– La cúpula parecía roja-amarillenta. La parte inferior, en cambio, destacaba por su tono rosado, bastante oscuro. Era casi colorado.

– ¿Recuerdas algún otro detalle?– Me pareció ver cómo de la parte central salían “ondas” que se alejaban rápidamente. Algo parecido a las ondas que se forman cuando se arroja una piedra al agua pero fue muy fugaz.

Tras una serie de comprobaciones, los expertos rechazaron la posibilidad de un truco fotográfico. En este sentido, Sergio Gonzálvez, jefe de fotografía del diario. La Razón de Buenos Aires, señaló que el cuadro correspondiente a la toma es el número 16 y que estaba unido al resto de la película. Agregó, además, que aparecía, como es habitual, la marca de la misma y el número de cada una de las tomas, lo cual indica que no fue cortada a fin de manipulada.

La nitidez de la foto permitió comprobar igualmente en el negativo que la gama de los grises era coherente, por lo cual no pudo haberse tratado de una fotografía preparada especialmente para ser reproducida con la cámara.

 

.Fuente: www.planetabenitez.com

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